Al llegar

En realidad, uno no parte hacia ningún sitio; realmente, los lugares salen a tu encuentro para ayudarte. No buscas, encuentras; tú no te mueves de ti mismo, lo demás está en movimiento. Todo se acerca y se aleja o desaparece.

 

Te recibiré, Málaga, como buen anfitrión, no te quedarás indiferente. Tu amplio mar, tu perfume y tu clima no pasarán inadvertidos para mí. Tienes mucho ganado, porque me gustas.

 

Conmigo no te aburrirás; aprenderé de ti y tú de mí y, cuando menos te lo esperes, los dos habremos cambiado y perteneceremos como uno solo a todo, y ya no vendrás ni te irás, siempre iremos juntos.

Cocina en Origen

 

Que decir de nuestra primera experiencia con el alimento: ¡maravilloso! Qué registros mas placenteros empezamos a sentir desde recién nacidos: el aroma de nuestra madre, la manera de alimentarnos (succionando)… Todas nuestras papilas gustativas se impregnan de sensaciones deliciosas: textura líquida, el sabor salado (sodio), el dulce (lactosa) y la untuosidad de la grasa en el paladar, toda una explosión de emociones/experiencias.

 

Todo lo que nuestra madre comía nos lo pasaba a través de la leche (nos iniciábamos en la cultura gastronómica). Cada variación o novedad en la dieta de nuestra madre proporcionaba un sabor ligeramente distinto a la leche. A mayor cantidad de estimulación gustativa, mayor aceptación en las nuevas comidas que en el futuro nos haría nuestra madre.

 

Mi madre en particular era una mujer interesada por todo tipo de sabores y muy buena cocinera y sólo ella podía tener en su memoria cientos de registros gustativos. A mí y a mis hermanos nos transmitió, de forma muy fácil y prácticamente sin esfuerzo alguno, el gusto por el buen comer.

 

Pero he aquí que los dioses cuando quieren castigarnos, atienden nuestras plegarias: gracias mama por enseñarnos a comer bien, pero ¿que haremos cuando tú no puedas cocinar para nosotros? No nos queda más remedio que aprender a cocinar como tú o quedar en manos de la suerte que nos toque a cada uno.


 

La base del trabajo

La base de mi trabajo es el deseo.

El deseo es lo que me hace más feliz, porque me siento recompensado doblemente; disfruto cuando siento el impulso y cuando lo hago realidad. Sobre eso, he construido una sencilla línea de trabajo, con elementos propios y coincidentes, de la tierra y el mar, buscando un eje imaginario que atraviesa el Mediterráneo de parte a parte, desde Beirut a Yafo, o Alejandría o Benghazi, Oran, Tetuán, Málaga, Alicante o  Rosas, Marsella, Nápoles, Palermo o la isla de Chipre.

Todo bañado con un insuperable aceite de oliva virgen, mojando con buen pan y bebiendo un excelente  vino.

 

Cojo la sartén por el mango y los rábanos por la hoja,  veo saltar a los peces de alegría en mi cocina y a los lechones dormidos y al pájaro perdiz en escabeche. Disfruto de los aromas de las especias y de las hierbas y oigo la música del gorgoteo de los arroces. Como veréis  no me privo de nada.

 

Agradecido por  todo lo aprendido, pero aún sigo fascinándome  con los asombros del mundo.

 

De modo que la cocina para mi es un  paseo tranquilo, un deseo que comparto con mis amigos, son  sensaciones, sentimientos y emociones.