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Alto nivel de la cocina mediterránea en Tánger

España y Marruecos, Francia, Italia y Grecia se han unido para que la UNESCO declare la dieta mediterránea como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, una iniciativa con una enorme potencialidad en lo cultural, en lo económico y en lo científico.
Con este fin, el Instituto Cervantes nos convoco al chef marroquí Moha, al representante del Ministerio de Cultura de Marruecos Mourad Riffi y a mí para participar en una mesa redonda moderada por el reconocido gastrónomo Ignacio Medina. El debate se celebro en el marco del Festival Tánger Crea 09 el sábado pasado.
Una pena que la intervención de Riffi consumiera prácticamente todo el tiempo de la mesa, lo que no nos dejo a los demás tiempo suficiente para exponer nuestras ideas sobre la cocina mediterránea.
Aun así quedo demostrada la profesionalidad y sensibilidad de Moha respecto a la cocina marroquí, en particular y la mediterránea, en general.
Por mi parte, por la premura, me tuve que limitar a esbozar mi visión de la cocina mediterránea, que cada día defiendo en los fogones de La Casa Roja.
Respecto a Medina, se convirtió en un equilibrista para moderar una mesa ciertamente descompensada.
Personalmente, doy las gracias a la organización, que fue perfecta, por contar conmigo y espero que haya otra oportunidad para profundizar en las ideas que solo pude expresar muy ligeramente en esta ocasión.
Ya por aquí seguimos inventando y trabajando en nuestra cocina.
Un saludo!




Eneko Atxa. Sincero primero y luego cocinero. Qué bien sentirse uno en su pellejo. Cocina limpia, sin pestañeos. Por su aspecto, Eneko parece más un cura de pueblo que un chef Estrella Michelín: oficia con afecto a sus feligreses y sus ayudantes, a su lado, parecen monaguillos. Su cocina naif, directa al corazón de los sentidos. Qué gran idea haberte hecho cocinero.
Mercedes Chocrón. Rabina de los pucheros, abrió su torá y nos contó los secretos de la cocina de sefarad. Su cocina, como ella, brilló con luz propia. Destacó la intensidad con la que actúa, profundiza en sus más íntimos sentimientos. A veces, con sus silencios dice más que con la palabra. Movimientos delicados pero firmes. Su cocina tradicional tiene una mirada muy especial: hay pasión y serenidad y buen gusto.
Alejandro del Toro. Ejerció de valenciano, con carácter. Un miura serio, al que le tocó bailar con la más fea: sobre él recayó la responsabilidad de darnos de comer a más de 120 personas. Se quitó la Estrella Michelín y se remangó y nos propuso algunos de sus deseos, inquietudes y obsesiones. Valenciano de guante de seda y puño de hierro, su cocina pesa en la mesa como una gran falla que se realiza con amor y un fuerte sentido crítico.

